"Los Sabores de Mamita Pachina" la abuelita te invita a almorzar
"Los Sabores de Mamita Pachina" tiene el manso nombre, porque no son sólo "los sabores" y no es sólo la "Mamita Pachina", son ¡"Los Sabores de la Mamita Pachina"!, los signos de exclamación se los puse yo, para darle más dramatismo.
Por la calle Cuevas, entre Astorga y Bueras, está todo pasando en lo que a pataches respecta. Y es que en ese tramo de la calle no hay una, ni dos, sino tres picadas patacheras. A saber: "El Reencuentro", "Sabor Sureño" y "Los Sabores de Mamita Pachina". Entonces cuando me encumbro por el centro rancagüino y paso por esa calle, como que me entra un tiritón hambriento porque sé que por ahí la comilona está más que asegurada. Pero ojo, que a una cuadra de dicho paraíso del sabor se encuentra el Mordor del patache: el patio de comidas del Mall... de sólo pensarlo me entra acidez.
La Mamita Pachina debe ser, o debió ser, una abuelita entera de regalona, porque sus nietos (o sobrinos o comensales varios) le rinden tributo con su foto en todo lo que es el cartel del restorán, pero no contentos con eso, le hicieron el manso mural colorido con su rostro, el cual se deja ver en medio del enorme salón en que los contertulios se reúnen en torno al noble acto del mastique. Y no es sólo la foto de la abueli, sino que también los meseros se encargan de que la visita sea toda buena onda, con un estilo amistoso y cariñosiwi que a mi me causa desconfianza... acuérdense que picada que se respeta te maltrata y te reta. La cosa es que estaba ahí yo, todo regalón y hambriento, sentado en un salón con unas 20 mesas, decorado como si hubiese habido un bautizo el día anterior, pero con un ambiente bastante acogedor y bien iluminado.
Mamita Pachina tiene almuezos a $3.000, que sorprenden por lo completos que son, le traen: pan amasado con chancho en piedra (se las mandó soa Pachina!), consomé, ensalada, plato de fondo y postre. La bebida va aparte, pero no pasa nada si se pide un vaso de agua. Me senté y suácate! a los segundos tenía ensartado el tonto pan amasado y su consomé piola y saladito, como para hacer sed y empinar el codo... lamentablemente no venden brebajes etílicos. La cosa es que el pan no iba ni a medio camino, cuando me traen una carne a la cacerola con puré, acompañada por una ensalada de lechuga y repollo. La ensalada estaba piola, en su justa medida, y el puré era natural. La carne estaba un poco quitada de bulla, pero con una salsa bien condimentada, a tal punto de que cortaba las huinchas por una pilsen!. Las dimensiones son humildes, pero cuando me puse a pensar que toda esa performance me iba a salir sólo tres lukitas, se me olvidó que a las cuatro de la tarde iba a andar con el león intranquilo nuevamente. Para finalizar me hicieron cariño con un mote con huesillo que, digámoslo de frente, no es de mis favoritos.
La comida está bien para almorzar piola, con un precio que me parece una joya considerando que la performance es completa desde el pan amasado con chancho en piedra, hasta el postre criollo. Pero por otro lado, la cocina de Mamita Pachina no logra encumbrarse en lo sublime del patacheo, cosa que sí se puede encontrar en locales que quedan por ahí... digamos que cruzando la calle.
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