"Club de Rayuela Clan 74", Rancagua.




Ya cabros, les cuento que estaba yo por ahí por la Alameda a eso del medio día, con esa ansia patachera que le da a uno cuando sabe que la cosa se viene buena pal almuerzo. Apliqué un dato que me dió un cumpita de la pega, "Club de Rayuela Clan 74", flor de local. Pero la cosa no sería fácil, ya que fueron sus 20 minutos de caminata bajo el sol rancagüino, porque la picá que pasaré a describir se ubica en la zona norte de Rancagua, siguiendo la calle Recreo . 
Llegué a la dirección que me habían dado, pero na ni na, había una pura casa con la puerta abierta, pero sin señales de restorán, ¿me habrán hecho huevo´e pato?. La cosa es que desde esa casa salía el manso buqué patachero, y yo como seré tímido, me asomé a sapear qué había ahí adentro. Resulta que no era na´ una casa cualquiera, ese era el famoso y connotado Club de Rayuela Clan 74, que pasa más que piola desde afuera con su estilo entre hogareño y clandestino, que resulta ser el mejor sazón a la hora de almorzar. Uno entra atravesando lo que podría ser el living de la casa de la tía, y se llega a un salón con unas 20 mesas y con un patio en donde figura, o figuraba, la cancha de rayuela. Llegué a eso de las dos de la tarde y la cosa estaba llena hasta las cachas. Dicen que todos los días es así, entonces hay que ir preparado y dispuesto a realizar el noble acto socialista que caracteriza a las picadas de calidad; compartir la mesa con los comensales. Estaba yo ahí sentado con el Juan de la Perra, que así le decían; un viejito chucheta y guachuchero que vine a conocer y que llevaba años yendo a almorzar al club de rayuela. Juanito se estaba terminando de echar al pecho una chuleta con tallarines con salsa y ensalada de tomate, acompañado por una pilsen de litro; un campeón. El estilo del lugar es hogareño, pero diseñado pa almorzar y volver a la pega o a sanganear, pero no pa quedarse mucho rato, aunque hay un wurlitzer que dicen que se prende después de colación. La cosa es que yo estaba que le arrebataba la chuleta al Juan de la Perra, pero me salvó una señorita que me llevó un pebrecito avinagrado y dos hallullitas bien crujientes. La sita, bien corta de genio como a mi me gustan en las picás, me pregunta qué me voy a servirme, asumiendo que me sabía la carta. Y como no estoy ni a un metro con quedar como perkin, le dije con toda seguridad: "una carne a la cacerola con arroz". A los cinco minutos figuraba yo con mi carne a la cacerola y mi plato de arroz, mientras Juan de la Perra le pegaba el último sorbo a la pilsen. 

El plato tiene su tamaño justo, no nos vamos a poner escandalosos con las dimensiones, pero sí decir que con hambre no quedé, aunque la pelusa no asomó ni porsiaca. La carne estaba en su punto, suave y bien condimentada, el arroz bien graneado y blanco como a mi me gusta. El problema fue era tanta la gente que había, que ese día no les quedaban cuchillos, así que me tocó pelear contra la carne con un puro tenedor. El plato estaba bastante bueno, les diré, era algo así como la carne que te hace la abuela los fines de semanas y con la que después te aplicai los buenos sánguches pa llevar a la pega el día lunes.

La pilsen del Juan me dejó con locico prendio, pero me puse a mirar y nadie estaba aplicando rayuela corta. Así a lo tonto tonto, de vez en cuando una mesera sacaba, piolita, una pilsen y la servía a alguna mesa. Yo, como era invitado nuevo, me conformé con un vasito de agua nomás. Parece que el foco es todo el rato la comida por sobre la chupeta.

Club de Rayuela Clan 74 es un restorán con las características que algunos consideran necesarias para llamarlo picá, como por ejemplo pasar piola desde afuera y recibirte en un ambiente no ostentoso y cotidiano. Está siempre lleno y la atención es rápida. Sumado a eso último, no hay tanto ambiente como pa remojar el gaznate, entonces como que uno va a samparse un patache y luego chauchera; la sobremesa pa otra parte. Los platos salen a $3.000 y usted le agrega la bebida, eso le incluye el pan y el pebre, pero nada más. Uno termina contento después de comer, pero como que dan ganas de picotear al rato. En conclusión; es un lugar con años de experiencia y con almuerzos con sabores caseros y reconocibles, a un precio promedio y en un ambiente relajadito. Me gustó bastante, aunque haya tocado pegarse la caminata de la semana. 


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