"La Selecta", almuerzos para la muchachada y vinos arreglados pa los regalones. Rancagua
Bien tempranito me junté con mi compadre Chumita, un santiaguino agallado del barrio matadero. Nos había salido el manso negocio así que teníamos flor de excusa pa juntarnos en Rancagua y, de paso, aplicar una incursión patachera por el centro de la ciudad. En el negocio nos fue como las reverendas, pero, como consuelo, nos sacamos el manso almuerzo y sobremesa en el restorán La Selecta.
¡Las calores que hacen en Rancagua! Llegamos como caballo de bandido a La Selecta, por ahí por Alcazar con Cuevas. Lo bueno, y aquí partimos con el pie derecho, es que el local nos esperaba con los ventiladores prendiditos y bien fresquito. Es un local de unas 10 mesas, con una barra a la vieja usansa y con la tele siempre prendida, a la vieja usansa también. Los comensales parecen ser parroquianos de toda la vida, que bien saben que la cosa es buena por ahí. Es un restorán con años de tradición, que desde afuera pasa piola como local shopero, pero que les trae las mansas sorpresas a la muchachada amante del buen patache.
Y como la calor no dejaba ni pensar, fue que partimos con su jarra de borgoña heladito, que preparan al momento con un vino artesanal que estaba de rechupete. Ahí estaba yo con el Chumita, fresquitos y con el gaznate bien hidratado, sin que pasaran ni dos minutos y zuácate! pancito amasado y un pebre de campeonato mundial. ¿Por qué le pongo tanto color al pebre? porque en un acto nunca antes visto, nos traen una preparación especial que consta de cebolla y tomates salteados con salsa de ají, sáquense esa cabritos. El Chumita, desafiando las altas temperaturas, se pidió una cazuela de vacuno. Yo, más conservador, me pedí su carne a la cacerola con papas mayo. Pa empezar una refrescante ensala de lechuga con choclo. Ya cuando la jarra de borgoña estaba a medio tomar, llegan los pataches. Mi cumpita se regocijó con su cazuela, que como choreza traía fideos espirales en lugar de arroz ¿qué tals? Mi carne a la cacerola estaba de rechupete, firme y jugosa. Se nota que le ponen color a los platos, la cosa no es na al lote.
La jarra de borgoña estaba en los descuentos cuando aplicamos la nunca bien ponderada técnica de la barrida de plaza, apañaditos con el pancito amasado que nos venía quedando. Rebosantes de sabor y borgoña, nos toca un postre que consistía en... frutillas. Fijo que nos tocaba pedir un vinito pa acompañar y pa la sobremesa.
La Selecta es un local de almuerzos, cervezas y vinos, con un ambiente de confiaza y buena onda. Pasa piola en la calle Alcazar, no muy alejado de la Alameda. El almuerzo está lleno de detalles desde que uno llega hasta que uno se come el postre. Almorzar ahí ronda los $4.000. Pero además del almuerzo que está del manso nivel, los vinos arreglados son el regocijo pa los regalones. Por mi parte, cuando la calor y los malos negocios me pongan mañoso, la primera opción será visitar La Selecta, un local avalado por su calidad y sus años de tradición.
Por su parte, el Chumita se volvió a Santiago con la pelusa flameante y con el güergüero aceitado. Y obvio que antes de que mi cumpita subiera al bus, nos tomamos sus maltas heladitas en el terminal O´Higgins. Pero sobre eso hablaremos más adelante.
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