"Santabrasa" Monticello, San Francisco de Mostazal.
Me puse el terno que tengo pa las parás y la doña se puso el vestido más floreado que tenía, nos subimos al charade y nos encomendamos al pulento pa´ que no nos dejara a medio camino rumbo a nuestro destino; Santabrasa en el Monticello, posóm!
Ustedes deben pensar que soy un guatón patachero que va a puras picás y se lo pasa de sucucho en sucucho... bueno, sí soy así, pero digamos que de vez en cuando igual es bueno ver qué pasa en en los locales más pituquelis, uno siempre se puede llevar un sorpresón.
Alrededor del famoso Arena Monticello se ubican varios restoranes, uno de ellos es el Santabrasa, el cual es parte de una cadena de restoranes especializados en carnes. La cosa es que llegamos a eso de la tardecita, no tan hambreados, pero si con ganas de comer algo bueno bueno. El local es entero de bonito, con un estilo loft industrial así todo hipster. Te atiende un mozo bien correcto y formal, esforzándose para que tengas una buena experiencia. Acá yo quiero decir algo, yo creo que cuando los meseros se esfuerzan mucho es porque hay algo malo que el restorán quiere ocultar, por eso las picás que se respetan tienen meseros o meseras que te tratan mal, porque en verdad no tienen nada que esconder. La cosa es que como venía con el estanque aún medio lleno, pedí algo piolita piolita: unas mollejas crujientes y una butifarra trufada. La doña se aplicó unos fetuccinis con entraña, cachen la volaita. Y pa´ que no repune, nos pedimos su tonta ensalada de habas peladas con cebolla; regalones. Y como estábamos en un momento especial, pedimos su botella de vino "caeza amarrá", como le dice mi taita a los vinos con corcho. El tinto que nos aplicamos fue un cabernet de la viña Bisquet, se llama La Joya y era una joyita.
Yo ya les advertí que no andaba tan hambreado, pero aún así no le hice el quite a unas churrasquitas y un pancito calentito con un pebre piola que nos pusieron adelante. A los 10 minutos paff, traen los pataches. Las mollegas no estaban crujientes, pero sí estaban sabrosas. La butifarra trufada estaba realmente trufada, lo cual fue una maravilla para mi refinado paladar parisino. Pal que no cache, las trufas son una especie de hongo que se usa para aliñar, sabe como a ajo, pero aromático. A mi me gusta cualesquier cantidad la entraña y me gusta sobremanera comer pastas, así que fijo que picotié por el lado y le hice daño al plato de la eñora.
Si bien no fueron las mejores mollejas ni la mejor butifarra, que las tuvieran en la carta a un precio bien piola y con una preparación bien decente, les da un punto extra. Yo le pregunté, y esta parte es en serio, al mozo por los chunchules, y como que se rió. Cabros, ¿por qué acá en Chile miramos tan a hueo los interiores?. Las pastas estaban agiladamente buenas, y eso se destaca en un restorán que se especializa en carnes.
No es que uno vaya seguido a restoranes así, pero es bueno saber que no muy lejos de Rancagua se puede comer algo piola, sabroso, no tan caro y bien buena onda. Si bien no es una picada, y no tiene nada de malo eso, es una salida segura pa llevar a la doña y quedar flor flay.
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