"Peruco", Una cañita y de vuelta a la pega. Rancagua
Con más hambre que ganas de vivir, me encaminé entre las calurosas calles de Rancagua en busca de un patache que hiciera justicia a la reputación que tienen los restoranes de almuerzos en la capital de O´Higgins. Cerca de la vega está lleno de restoranes y sucuchos de amplia barra y variopinta clientela, además de estar cerca el mercado de pescados y mariscos. Y cómo no, para un día caluroso nada mejor que un refrescante pescado frito rebosante en aceite... un manjars.
"Restauran Peruco" se ubica gloriasamente casi al llegar a la esquina de Calvo con Salinas, al lado del nunca bien poderado Fruna. Pero no se confundan, que el olor a chocolate y caramelo de baja ley no penetra en los aposentos del Peruco. Se trata de un bar restorant, cuya especialidad son las cañitas de vinos artesanales de la zona, las cuales refrescan los gaznates de la clientela por tan sólo $700 la cañita, un lujo. Lo que también es un lujo es lo que ofrece la carta, a saber: cazuela de vacuno, cerdo al horno, chupe la guatitas, paila marina, pescado frito, etecé etecé etecé. El patache abundante y contundente por $3.500, lo que significa que por menos de una Gabriela (nota del traductor: cinco mil pesos chilenos), usted regocija la guatina y el güergüero.
Tiene una barra a la vieja usansa, que recibe a los apurados comensales que entran sólo a aplicarse un toque etílico para continuar la faena feriante. Por el otro lado, hay un salón de mediano tamaño con unas 10 mesas, en donde los comensales hambrientros, como su goloso servidor, se posicionan para adentrarse en la gastronomía que la cocina de Peruco tiene para ofrecer.
La atención está bien, se trata del estilo clásico de picada con décadas de experiencia, o sea, no tienen para qué hacerse los lindos con los comensales que los visitan. Quien me atendió no fue la excención, ya que con un tono un tanto amenazante hizo que me sintiera como en casa y de paso tomó mi orden.
Rauda y veloz, pero nunca cariñosa, la mesera me trae una hallulla de esas que se compran a granel, acompañada por un pebre que no era la gran cosa. Lo que sí era grane fue mi hambre, así que de un suácate me zampé el pancito... ñam.
Mientras en la televisión el Papa recorría las calles de Temuco, el pescadito que pedí chapoteaba en aceite hirviendo, de ese bien sabroso que suelen tener en las picadas de prestigio. No más de 10 minutos después, helo ahí, glorioso y grasoso, dos generosos pedazos de merluza frita, con su justa capa de batido de huevo, acompañadas por unas siempre bienvenidas papas mayo. Lo que hay que destacar es la justa abundancia, suficiente, pero no escandalosa, la frescura del pescado y lo sabroso de la fritanga.
Luego de saborear el pescadito y las papitas mayo, bien me hubiese venido su necesario bajativo de la casa, pero las responsabilidades profesionales apremian, así que para otra vez será.
Peruco es un restorant antiguo, con muchos años de tradición, lo cual queda reflejado en su estilo y en su fiel clientela. La comida está bastante sabrosa, pero hay que decir que se extraña la opción de menú, que por un precio económico ofrezca el plato, ensalada y bebida. Pese a ello la contundencia de los platos le hace justicia. Pienso que si se va a almorzar junto a un camarada y luego se tiene la tarde libre, bien se puede hacer una buena sobremesa al alero de la pintoresca barra y las refrescantes cañitas de tito.
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