Fuegos de Apalta, Santa Cruz
Chile es un país lleno de elementos que lo hacen un paraíso del
patacheo, pero sin lugar a dudas, y sin que a nadie se le ocurra contradecirme,
lo más suculento en esta larga y angosta faja de tierra es el vino de origen
nacional. Y no es que sea un chovinista ni nada por el estilo, porque la verdad
es que si me estimulan un poco no dudaré en bastardear la bandera, pero luego
de probar vinos arround the world puedo confirmar que Chile es claramente un
lugar aventajado para empinar el codo con unos buenos mostos.
Lo anterior para introducirnos al restorán que nos convoca
el día de hoy; Fuegos de Apalta, ubicado en la localidad de Apalta en la comuna
de Santa Cruz y en medio de la viña Montes. Con esa ubicación se entenderá que
el lugar es un paraíso de la enología, y por qué no, de la chupeta estilo
sommelier. Pero no solo eso, porque tanto en esta viña como en las que nutren el
valle de Colchagua, se suelen hacer rutas turísticas dentro de las viñas y así
conocer la actividad vitivinícola de la región y descorchar sus tontos tintos.
El restorán Fuegos de Apalta está dirigido por el connotado
Chef argentino Francis Mallman, que es el mismo que sale con poncho y boina en
los comerciales de carnes del Tottus. Con esa referencia, y con un nombre que
claramente evoca al asado, yo me dije a mi mismo “mismo, vamos a comer los
mansos cortes de carne y quedar flor con sus buenos tintos”. La cosa es que el
lugar nos sorprendió, pero no precisamente por las expectativas que nos habíamos
creado.
El restorán está inmerso literalmente en medio de la Viña Montes,
que según reza en su entrada, está dentro de las cinco mejores viñas del mundo. El lugar es realmente precioso, con cerros y llanos
plagados de viñedos. El restorán tiene amplias terrazas que justamente dan
hacia los viñedos y además dos salones muy amplios. Al medio tiene un enorme
fogón y un horno de barro, que le da un estilo único y un sabroso olor a
ahumado. El espacio es sumamente acoger y con un servicio de lujo. La
música de fondo está del diez, al punto que nos agasajamos escuchando a Bob Dylan
e incluso a Daniel Johnston. Pero por lejos lo más impresionante es la preciosa
vista desde las mesas hacia los viñedos.
De entrada, traen una estupenda focaccia y un pan de masa
madre, acompañado por unos tomates asados que en verdad estaban medios
desabridos. Al revisar la carta uno nota que hay un especial esfuerzo por
incluir ingredientes de estación y cultivados en su propia huerta. Además, hay
varias preparaciones que pasan por el fuego, ya sea en el horno o a la
parrilla. Nos pedimos dos entradas: una jibia grillada con verduras salteadas y
unos duraznos con albahaca y queso gorgonzola. La jibia muy tierna y los duraznos
muy frescos y sabrosos. Las entradas estaban espectaculares y con ingredientes frescos y en un estupendo equilibrio de sabores.
La carta de vinos es todo un mundo, pero lamentablemente la
oferta por copas es muy limitada para las características del restorán, siendo
solo de la línea Montes Alpha y sólo las cepas más emblemáticas. Yo ya estaba
claro que iba a partir con entrantes suaves y un fondo potente, por lo tanto un
Pinot Noir y un Carmenere eran los que tenía en mente, respectivamente. De
todas formas, y para hacer daño, pedí orientación al sommelier… terminé tomando
un Pinot Noir y un Carmenere.
De fondo Vivi pidió unos ravioles de queso de cabra con
toques de menta y yo me fui por las carnes y me pedí un lomo vetado con papas “dominó”.
Los ravioles estaban realmente buenos y con un queso de cabra con un estupendo sabor;
la menta era un gran elemento. Respecto al lomo vetado, debo decir que Francis
Mallman se tomó muy en serio su rol como rostro de supermercado, porque estimo
que el corte de carne que me comí de más que lo compró en oferta en el Tottus,
y para que pasara piola lo ahumó un rato. Lo que ocurrió fue que el lomo vetado
tenía muy poca gracia y era de una calidad que no superaba la mediocridad, con
un tono de ahumado que sólo servía para disimular que no se trataba
precisamente de un corte premium. Las papas dominó, que al parecer son una especialidad
de Mallman, tenían el clásico fallo de las papas mal hechas al horno; estaban
mal cocidas y por lo tanto duras. El pedazo de carne era muy generoso y con el
punto tal como lo pedí.
Lamento mucho que el corte de carne estuviera tan por debajo
de las expectativas, más aún, me llama la atención que los únicos cortes de
vacuno de la carta sean el lomo vetado y la entraña, cortes famosos por ser los
preferidos por quienes poco y nada saben de parrilla. Francis ¿por qué no preparar
un estomaguillo al asador? ¿temes que un tapabarriga te pueda quedar muy duro?
¿o será que no confías en el gusto de los comensales y prefieres tirarles
cortes a la segura? Yo me inclino por esto último.
El postre fue una especie de pie de limón que, así como la
carne, fue una decepción y terminó por dejarnos un tanto dubitativos en cuanto
a nuestra evaluación final hacia Fuegos de Apalta.
Creo que es un restorán con un servicio y una ubicación espectacular,
yo le daría seis estrellas de un máximo de cinco. Los entrantes fueron enormes aciertos y los ravioles nos dejaron una enorme sonrisa. Pero los platos
fuertes, como las carnes, parecen fallar enormemente y eso termina por
decepcionar en un restorán que se enorgullece por su experiencia en los fuegos
y parrillas. Es una excelente experiencia para pasear y relajarse, pero está
lejos de ser un lugar recomendado para comer carnes asadas.
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