Patacheando por Pichilemu; especial gastronómico del Tío Mario
Chile es un país que destaca por su amplia costa y, por lo tanto, múltiples lugares al borde del mar en donde agasajar el espíritu en torno a deliciosa comida marítima. Si no fuera por Pichilemu la sexta región sería una triste excepción a lo largo de Chile en cuanto a vida costera se trata. Esto porque en esta región no tenemos puerto e incluso las caletas son escasas y pequeñas.
No les voy a mentir, vamos tupido y parejo a Pichilemu, y es que el ambiente relajado y las amplias playas son siempre bien recibidas. Y para serles aún más sincero, debo decir que el 80% del tiempo en que estoy en Pichilemu lo invierto en visitar restoranes y picadas diversas; el otro 20% consiste en pasear por la playa y hacer hambre para seguir aplicándole al mastique. En conclusión, me siento preparado para hacerles un pequeño review sobre el patacheo en la capital mundial de surf.
Ha sido gradual el crecimiento turístico en Pichilemu, y como lo he mencionado previamente, el crecimiento demográfico, ya sea fijo o fluctuante, viene apareado con crecimiento en la oferta de servicios y oferta gastronómica. Así las cosas, a los clásicos ceviches, churros y picadas costeras, se han sumado múltiples emprendimientos de variados cortes. Es por ello que haré un recorrido por picadas, carritos, locales, restoranes y demases.
Picadas callejeras
Empanadas, ceviches y churros, todos ellos en formato callejero. Esta es la triada suculenta que se puede disfrutar sentado en la playa y con una pilsen en la mano, claro, esta última bien disimulada para no alertar a las autoridades marítimas.
De entrada llama la atención la oferta cevichera de los distintos carritos y locales que bordean la costa. Con precios que van desde los $1.500 a los $2.500, dependiendo del costo especulativo y no necesariamente de la calidad, porque vamos a ser claros en algo: el ceviche callejero de Pichilemu es una institución por su tradición y presencia, pero lamentablemente no por su calidad.
Lo mismo pasa con las empanadas, que suelen destacar en los clásicos formatos matapasiones de balneario, con mucho queso desabrido; lamentablemente las presentaciones con mariscos suelen ser una profunda decepción. "La casa de las empanadas" es el epicentro para comerse unas al paso, pero no es más que un local "atrapaturistas" con sobreprecio y poco sabor. Desde hace un tiempo (febrero 2022) que están remodelando la costanera, entonces han sacado de circulación unos carritos que se ponían llegando al final de la playa principal, en donde unas señoras con años de experiencia solían preparar sabrosas empanadas de mariscos llenas de sazón. Habrá que esperar para que vuelvan a abrir...
Lo churros son otro cuento, porque se los puede encontrar casi 24/7 y a precios más que módicos. Son grasosos, sabrosos y buena onda. Incluso en los tiempos en que la pandemia estaba en su peor momento recuerdo haber pasado a la costanera a comprar unos churros salvadores, acompañados por el aromático café que venden en "Cardumen", una joya para los amantes del café. Ojo que en algunos locales finolis venden churros como a diez lucas la docena, pero no sea leso, cómprelos en los carritos de la costanera y pagará un cuarto del precio y con el sabor que solo una fritanga callejera puede lograr.
Picadas para el almuerzo
Hay que decir que el centro de Pichilemu está plagado de ellas, muchas abren en temporada y con preparaciones para el olvido. "La picá del Negro" es un local muy famoso y con años de experiencia, que está en pleno centro y goza de prestigio. Fue el primer local al que fui en Pichilemu (ha pasado harto tiempo y patacheo desde entonces), en donde sirven clásicos marinos y locales, como el chupe de jaibas que le trae como choreza tomates, que entiendo es la receta local. Lamentablemente en aquel entonces el chupe no era más que una preparación mal recalentada y con una triste lámina de queso soprole a medio derretir. Pero unos colegas patacheros me han dicho que el Negro se ha esmerado últimamente, sirviendo un congrio frito que al parecer está de rechupete; habrá que ir a ver.
En Cahuil hay varias picadas interesantes. "El Cosquilla" ofrece un ambiente relajado y buena onda, con una amplia variedad de platos marinos y pescados locales, siendo estos últimos un notable acierto. Pero en el último tiempo la calidad de las preparaciones ha decaído enormemente, con unas empanadas desabridas y unos locos juleros (y siempre caros). La parte buena es que sirven unas ostras japonesas contundentes y sabrosas; por ahí salvan.
Si bien tiene un corte intermedio entre una picada y un local finoli, el restorán "Comida Rica - Iyael Riku" es una joyita de esta ciudad costera. Se trata de un restorán con cocina "de autor", eso significa que tiene platos diseñados especialmente por Gerardo León y Lorena Basulto, chefs a cargo de este bastión culinario. Sirven preparaciones interesantes, en donde destacan mariscos endémicos y carnes silvestres como jabalí, liebre y ciervo. Tienen un ceviche "rompecatre" (así se llama) que es una maravillosa preparación en base a ulte y mariscos. No por nada es el namber güan en Tripadvisor. Precios moderados y cocina de alto nivel.
Los finolis
"La Loba slowfood" queda entrando a Punta de Lobos, y es un restorán con una propuesta interesante de comida marítima en un ambiente acogedor. Cuesta bastante pedir reserva y no abre siempre. Los precios son altos y no estoy seguro si recomendarlo o no. Usted decida.
"La Sal" queda en pleno Pichilemu y tiene unas instalaciones con una vista espectacular, en verdad es lejos lo mejor de este restorán. Además tiene un salón principal con una chimenea preciosa. Tiene una carta bien acotada, pero con preparaciones de gran esmero, en donde resaltan sus pescados y risotos espectaculares. Tienen una especie de paila marina que está para rechuparse los bigotes. Bastante caro, pero bastante sabroso y una excelente experiencia.
"Bocas de mar" es un restorán que queda en el epicentro epicéntrico del epicentro mismo de Pichilemu, o sea en la playa principal y al frente de la caleta. La parte buena es que tiene estacionamiento para clientes, entonces en temporada alta no es tan complejo instalarse en una de sus mesas, que se caracterizan por tener una terraza con pésima vista y olor a caleta. Los platos son generosos, pero con preparaciones mediocres, pero que salvan. Para que me entiendan, sirven un risotto de albahaca que está bueno, pero tiene como un litro de crema :( Como sabrán, con Vivi somos expertos catadores de machas a la parmesana, y las de este local son un fiasco que, por intentar dárselas de choros, le ponen una salsa sabor ahumado que es un desastre. Una vez probé unos ostiones a la parmesana que estaban bien buenos y contundentes, pero parece que los sacaron de la carta.
Un trago y picoteo
Casi llegando a la playa de Infiernillo hay un par de locales que tienen una terraza y salida a la playa, que en las noches siempre prenden su fogata en tono playero, pero lamentablemente se ponen de acuerdo para tener música de mierda (electrónica). El primero de ellos es El Puente Holandés, en donde una vez me comí una pizza horriblemente mala y nunca más le he vuelto a dar una oportunidad. El otro es La virgen, en donde sirven unos generosos tragos bastante buenos y en donde además tienen un sánguche de pescado que está muy sabroso. Algunos días andan dadivosos y el sánguche lo hacen con congrio, los días normales es con merluza austral (igual finoli).
Por ahí cerquita, antes de llegar a Punta de Lobos, está la Wafflería Bruselas que hace poco inauguró un local casi adentro de la playa. Entre un waffle gentrificado y un churro popular no tengo por donde perderme, entonces no le he dado muchas oportunidades a este local, ustedes me contarán qué tal.
En el centro comercial Altomar hay varios locales con comida al paso y corte ABC1. De estos lugares es poco lo que se puede rescatar, pero les cuento que hay un Fish and Chips que salva y está la pizzería Slice que tiene buena evaluación en redes sociales, pero no la he probado. Hay una fábrica de pizzas que se llama Bravos, yo una vez fui a comprar una pizza, pero en el mismo lugar me enteré que las pizzas vienen pre cocidas y listas para terminarlas en la casa; igual buena.
Si bien no es un restorán, camino a Punta de Lobos hay un mini market que se llama "La quilla", que es enfermo de ABC1 y carero, pero dicho eso hay que admitir que tiene una enorme cantidad de productos gourmet que están de rechupete. Si anda por ahí y le entra un bajó de prosciutto y pecorino romano, este es el lugar en donde encontrarlo.
Y para cerrar, les comento dos lugares en donde solemos quedarnos a dormir. El primero es el hostal Dolegant, que queda en pleno centro y es una casona sumamente acogedora y con un precio que es muy conveniente. El segundo, claramente más finoli, es el Lodge del Mar, camino a Punta de Lobos. Es un complejo con hotel y cabañas, que tiene tinas calientes, piscina y salida al mar. En las mañana sirve un desayuno espectacular y todas las habitaciones con una espectacular vista al mar. Un lujo.
En conclusión, Pichilemu es una ciudad costera muy tranquila y con tono relajado, que ha visto un enorme crecimiento en su "hotelería", pero manteniendo su onda playera Jack Jhonson. Es verdad que no tan lejos existen otros destinos playeros en donde sí existe una oferta de comida autóctona de mayor calidad (Pelluhue por ejemplo), pero la verdad es que Pichilemu es un destino seguro en donde sé que me voy a relajar y además comeré algo que no me dejará nunca indiferente.
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