Klaus, salón de té en Rancagua



Lamentablemente el desayuno, junto con la cena, se ha ido transformando en un mero trámite, perdiéndose la oportunidad de degustar pataches suculentos con los que partir el día. Por razones particulares nos encontrábamos con Vivi en las cercanías del Mall Plaza América, pero no sólo eso, ya que era pasadito las 9 AM y, como ingrediente adicional, estábamos literalmente en ayunas. En ese contexto es que nos dirigimos al salón de té Klaus. 

Klaus es un emprendimiento que ya es toda una institución de la repostería rancagüina, siendo uno de los lugares más connotados en donde ir a probar, o comprar, una autóctona torta de pompadour. Además de eso preparan un sin fin de cositas dulces y sabrosas, pero además tienen un salón de té en donde también sirven sánguches y demases. Han ido abriendo distintas sucursales dentro de la región, con cuatro locales abiertos en la actualidad. El que nos convoca hoy viene siendo como "la casa matriz". 

Se trata de un local que queda medio escondido, pero destaca inmediatamente por su fachada con estilo alemán. Cuenta con un enorme salón principal, pero la mejor parte es que tiene un aún más enorme patio decorado con coloridas y alegres figuritas de yeso. El patio está sumamente cómodo y amplio, contando con numerosas mesas. Da la impresión de que a eso de la tarde el local se debe llenar completamente; para el desayuno pareciera ser menos frecuentado. 

Tiene una carta centrada en tortas y kúchenes, además de algunas galletas y cosas de ese estilo. Tienen una especie de "pirámide" en que sirven un mix de galletas y sanguchitos, pareciera ser el best seller del lugar. Nosotros, valientes y hambrientos, nos fuimos por los churrascos, pidiendo un chacarero y un italiano respectivamente. Para el que está pensando que me zampé un shop de desayuno le quiero contar que Klaus no vende alcoholes... de lo contrario flor de pilsen me hubiese mandado. Acompañamos los sánguches con café de grano. 

No pasan ni 10 minutos y nos traen los sánguches, que tenían un tamaño más bien moderado, pero con justa cantidad de ingredientes. Los churrascos hechos completamente a la plancha y con un generoso grosor, muy jugosos y sabrosos. El pan crujiente y fresco, lo mismo las verduras. Preparan una mayonesa casera con ajo que está bastante bien. El precio ronda los $5.500. Me parecieron unos estupendos churrascos, incluso mejores que en lugares especializados (como Tía Julia). El café estaba bien, era un Lucaffe, que dicho sea de paso es el que tomo a diario en la casa. 

Como estábamos en el epicentro rancagüino de la repostería, pedimos un trozo de kuchen de nuez para irnos con sabor dulce. La verdad es que fue una decepción; masa muy seca y sin mucha gracia. En el pasado he probado tortas de Klaus y podría afirmar que tampoco son tan sabrosas como uno esperaría, pareciera que le ponen poco cariño. Incluso me han dicho que la famosa pirámide que les comenté antes no es más que un montón de galletas medias duras y unos sánguches fomes. ¿Será que hemos tenido mala suerte?

En conclusión, comimos churrascos que realmente nos sorprendieron y dejaron felices, además a un muy buen precio. Es lamentable haber tenido mala experiencia con la repostería del lugar, siendo que debería ser su mejor carta. Tal vez fue algo aislado; habrá que darle otra oportunidad, pero claramente volveré por otro churrasco. 

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