Torino: pastas, ostras y carnes de cocción lenta
Como si fuera una eucaristía, echarse al pecho un buen patache es un acto sagrado que requiere de solemnidad. Pese a que también es posible comer bien y hacerlo al paso y sin tanta reverencia, quería partir con una introducción elegante porque el lugar que nos convoca el día de hoy está realmente bueno y, a mi entender, se encumbra dentro de lo mejor que se puede encontrar en Rancagua, si de mastique se trata.
El restorán Torino abrió sus puertas por allá por el 2008, lo cual es harto tiempo pensando en que los emprendimientos de largo aliento escasean en estos tiempos inestables. Por ahí por el 2015 le di tres oportunidades a este restorán, sufriendo tres decepciones culinarias. No sé qué habrá ocurrido entonces, pero así fueron las cosas. El año pasado me decidí a darle una cuarta oportunidad, y claramente valió la pena.
Se trata de un restorán que está ubicado en la entrada de Rancauga, esa que da al terminal O´Higgins. Constituía una "triada" suculenta de restoranes ubicados uno al lado del otro: Torino, La Casa del Chef y Tomacho Parrillero, hasta que este último lamentablemente cerró sus puertas. La cosa es que este local ofrece una nutrida carta de comida italiana, y al mismo tiempo una acotada, pero contundente oferta de ostras cultivadas en el mismo lugar.
La comida italiana genera un particular y profundo regocijo en mi corazón, el cual queda bien reflejado en mis aventuras en Italia que relaté en mi blog de viajes Tío Mario Viajero. La buena noticia es que la carta de Torino está al nivel, salvo algunos puntos bajos que se deben mencionar.
Es un local amplio, con una terraza y dos salones. Uno de los salones es muy acogedor y se encuentra coronado con un estupendo horno estilo napolitano. Acá voy a hacer la primera observación a la comida de Torino, y es que al contar con un horno de estas características llama la atención que las pizzas ofrecidas disten del estilo napolitano de masa bien fermentada, cornicione amplio y sutileza en ingredientes. Si bien son pizzas bien ejecutadas, pasan sin pena ni gloria.
Superado el comentario pizzero, hay que mencionar que ofrecen una interesante oferta de antipastos que están todos del diez, pero las ostras se llevan la delantera. Se trata de pequeñas conchas, pero muy equilibradas en sabor y frescura, con una destacada ejecución del formato "a la parmesana", lo cual es siempre destacable. Otro punto de alta relevancia es el esmero en la preparación de tragos y cócteles. Como es regla en un restorán italiano, siempre pido un negroni y quedo con amplia sonrisa dibujada en mi rostro.
Las pastas son frescas y bien preparadas, con una carta tradicional, pero con algunos elementos altos que se deben destacar. Tanto acompañando a las pastas como en formatos especiales, sirven carnes de cocción lenta, en donde el osobuco, plateada y asado de tira se llevan los aplausos. Una combinación ganadora es pedir una de estas carnes acompañado por el estupendo risotto de zetas trufadas, porque en este mundo sólo hay pocas cosas mejores que la trufa. Para no dejarlas atrás, hay que mencionar las pastas rellenas con osobuco, plateada o jaiba; puro sabor.
Se trata de un restorán con varios años en el cuerpo, que pareciera tener cuerda para rato y que tiene una carta con la cual siempre habrá algo bueno para comer. Si bien no es un lugar con pizzas destacables, sí resaltan sus ostras, pastas y carnes de cocción lenta. Al 2021 si alguien me pregunta en dónde comer dentro de Rancagua, yo le recomiendo ir a Torino.
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