La Hacienda, Machalí
Cualquier lugar que se llame "Pueblito de..." es siempre un espacio siútico, y el Pueblito Gastronómico de Machalí no es la excepción. Independiente de eso, es posible toparse con restoranes que entreguen uno que otro patache suculento. Por eso el día de hoy les contaré cómo me fue en el restorán La Hacienda, ubicado en este "pueblito".
El Pueblito Gastronómico de Machalí es un espacio que reúne a seis restoranes que van desde parrilladas, comida italiana, sushi e incluso sánguches. Se ha vuelto un espacio muy concurrido y, por lo tanto, muy animado. Por lo que reza la página oficial, se trata de un emprendimiento "familiar" que tiene objetivos gastronómicos y culturales al mismo tiempo. Con lo descrito hasta ahora está más que claro que es un punto relevante en el patacheo de la sexta región.
De todos los locales el más grande es el restorán La Hacienda, que tiene un estilo campesino y colonial, constituyendo un lugar bastante acogedor en donde entregarse al noble arte del mastique. Cuenta con dos terrazas amplias, además de un salón principal. Es muy destacable, al menos las dos veces que he ido, la atención que entrega el personal de turno.
La carta de este restorán sorprende por lo variopinta, con un apartado especial para cortes parrilleros, ceviches, risottos, pastas, comida peruana y suma y sigue. La diversidad en la carta se vuelve un tanto intimidante, ya que cuesta rastrear el punto de integración de la propuesta de La Hacienda.
Partí con un pisco sour peruano, que lamentablemente no pasó el test de equilibrio ácido/dulce, ya que el barman se cargó con harto entusiasmo al dulzor; una pena. Pero la parte buena es que de entrada nos motivamos y pedimos unos chunchules y unas mollejas; leves. Siempre me fascina comer chunchules, los que en esta ocasión estaban ejecutados al estilo criollo, o sea hervidos y posteriormente pasados por la parrilla. Las mollejas estaban espectaculares. De fondo pedí un asado de tira al horno con risotto y la compañera, más conservadora, pidió una hamburguesa. El asado de tira estaba bien y el risotto estaba muy bueno. La hamburguesa de la doña era un despropósito de ingredientes que, así como la carta de este restorán, no se lograba entender. Las papas fritas que la acompañaban quedaron para el olvido.
Los precios son un tanto elevados para el estándar regional, pero existen descuentos con algunas tarjetas bancarias, lo cual siempre es bienvenido y termina por nivelar la cancha.
Creo que el principal problema de este restorán es que tiene una carta muy enredada, con preparaciones que disparan de "chincol a jote". Pienso que eso provoca que algunas de sus preparaciones sean muy buenas, como por ejemplo sus mollejas y su risotto, y otras sean derechamente un desastre, como la hamburguesa. Algo similar ocurre con las carnes a la parilla las que, según mi experiencia y relato de cercanos, tienen los mismos problemas de "variabilidad".
Se trata de un restorán muy acogedor y con una atención destacable, que tiene algunas preparaciones altas y otras muy bajas. Tal vez acotar la carta pueda ser un buen camino.
Comentarios
Publicar un comentario