Pichilemu 2023: Casa Cuesta, Mareal, Racha y Slice Pizzería
Salir de paseo con un bebé está lejos de ser una instancia de relajo y descanso, es más, creo que hay consenso de que ese escenario es aún más desgastante que el día a día en casa con un bebé. Lo que sí, salir de la rutina es sumamente gratificante, y cuando al pequeño le gusta el merequetengue tanto (o más) como a su padre, muy bienvenidos son los paseos, incluyendo salidas a patachear. Por eso es que les contaré cómo nos fue viajando a Pichilemu junto a Vivi y Don Julio Borja (el nuevo integrante de este equipo), instancia que aprovechamos para recorrer un par de restoranes que nos faltaba por visitar y así actualizar la reseña que ya había hecho sobre la capital del surf (que puede leer en este link).
Casa Cuesta
El clásico viento de Pichilemu no nos desanimó en lo absoluto para recorrer la costanera en busca de este clásico restorán, ubicado al frente de la playa de Infiernillo. Si bien no tengo claridad desde cuándo abrió sus puertas, ya se ha transformado en un referente de la comida costera local.
Es un restorán con una amplia y acogedora terraza, que afortunadamente está muy bien protegida del viento que azota en la costa. Está atendido por un empeñoso y amable equipo, y además con buena música y a un volumen aceptable para los sensibles oídos de un bebé (y padres). La carta no tiene nada particular en comparación a la oferta contemporánea: o sea mariscos en presentaciones clásicas estilo peruano y una que otra receta italiana; todo muy mainstreim, pero a la segura.
Para partir sirven unas muy ricas marraquetitas miniatura bien calentitas, acompañadas de una sabrosa salsa verde. Don Julio, raudo y veloz, se echó al pecho media marraqueta sin siquiera despeinarse; su veredicto fue favorable. Nosotros pedimos limonada y un shop de Loa Ipa, una cerveza santiaguina que me dicen es bien popular en Pichilemu. De entrada pedimos un ceviche con camarones apanados y de fondo yo me fui por un congrio saltado y la doña pidió unos ravioles de ricota con salsa de queso.
El ceviche estaba bastante sabroso, con una excelente leche de tigre y tres cototos camarones apanados en panko. Los fondos fueron un tanto decepcionantes. El congrio saltado tenía nulo sazón, al punto de que claramente el chef no se acordó del clásico toque de jengibre que suele tener esta preparación, además se le fue la mano con el dulzor de la sala. Los ravioles estaban ok, pero lo cierto es que la salsa tenía una buena cantidad de crema de leche, cosa que en general uno quiere evitar en estas preparaciones.
En conclusión, es un lugar sumamente acoger y bien atendido, con una carta sin mucha novedad y con un sabor que tampoco entrega novedades.
Mareal
Este restorán es medio "under" dentro del circuito de Pichilemu, y es que no sale ni en el Tripavisor y con suerte en el Google Maps. Eso sí, ha sido reconocido internacionalmente como una de las propuestas costeras más interesantes en Chile. Está ubicado muy en el centro del pueblo, al frente de la Copec. No abre todos los días, entonces es bueno revisar el horario y no arriesgarse. Tiene un carta centrada en productos del mar, pero de la zona. Tiene carta variable, por lo tanto también hay que estar atentos a eso.
Para partir, no ponen pancito de bienvenida, pero Don Julio tuvo que pedir que hicieran una excepción porque es un comensal exigente. La carta, si bien de productos endémicos, es muy acotada. Para tomar pedí un pisco sour que lo sirven en una pequeña porción y preparado con poco cariño (sabor). Pedimos para partir unos tiraditos de reineta con una salsa picante y ahumada, que estaba increíblemente buena. Leímos por ahí que también es cueca pedir la tosta con mariscos, pero nosotros nos fuimos por los sánguches de pescado, que son de reineta crocante con presentaciones clásicas del mundo hamburguesero. Esto último fue un problema, a nuestro entender, porque no estoy seguro que la reineta maride adecuadamente con queso cheddar ni pepinillos. Vienen acompañados por papas fritas que tienen muy poca gracia y, tanto el sánguche como las papas, son de escaso tamaño. Por otro lado, Mareal prepara su propio pan brioche que está del diez, pero si este fuese usado para apuntalar una hamburguesa de vacuno, porque con la reineta como que no pega el dulzor de este pan. Capaz que sea cosa de gustos, pero quedamos decepcionados con los sángueches, porque en nuestro imaginario solo bastaba con una pescada frita, dentro de una marraqueta crujiente y acompañado con su tonta chilena. Abro el debate, capaz que nosotros seamos los de paladar julero, pero les diré que Don Julio con suerte probó el pancito que le pusieron, y él si que sabe.
Los precios son bien caros: hamburguesas desde los $13.000 y entrantes sobre los $11.000. Eso no sería problema, pero la decepción con el sánguche fue mucha. Creo que volvería a ir para seguir probando los tiraditos y esa tosta de mariscos.
Racha
Camino a Punta de Lobos queda este clásico restorán, que tiene harta onda y una carta con una propuesta muy interesante. Tienen su propio huerto y experimentan bastante con flores comestibles de su propio jardín. Es un restorán no muy grande, que podría tener una estupenda vista a la playa, pero justo le pusieron una construcción frente a la terraza; una lástima. De entrada te reciben con unos pancitos de zapallo y unas sopaipillas calentitas, con un tremendo pebre. Acá Don Julio no aplicó mastique.
Tienen preparaciones con mariscos de la zona, incluyendo un estupendo ceviche con piures y ulte, dentro de otros suculentos productos de marinos. Dicho eso, debo afirmar que partimos precisamente pidiendo ese ceviche, que resultó ser una tremenda porción, con un intenso sabor a marisco que sólo un piure fresco puede otorgar. También pedimos un asado de tira hecho con una cocción lenta que lo dejó muy tiernecito, acompañado por un puré de papas que tenía pedazos de prieta como tremenda choreza. Vivi fue por un chupe de jaiba que tenía unas bolitas de queso de cabra apanado en panko, además de unas papas asadas. Todo servido en contundentes porciones que garantizan que al otro día se vuelva a repetir la experiencia, porque obvio que nos quedó comida para una segunda hambre. Los precios están muy acordes al mercado, siendo muy buenas preparaciones con una muy contundente presentación, ambas cosas difíciles de conseguir en los tiempos actuales.
Le tenía el ojo echado hace rato y me alegra haberme decidido a probar este restorán, porque fue un excelente hallazgo que claramente nos invita a repetir la visita para la próxima.
Slice Pizzería
En mi reseña anterior comenté sobre esta pizzería, pero ahora sí pedimos unas pizzas para la casa. Se trata de una pizzería con muy buenas reseñas en redes, pero ojo que el estándar pizzero suele ser poco exigente, así que nos sacrificamos con el objetivo de tasar este local y pedimos dos pizzas; una de choricillo con cebolla y otra con salame y champiñones. Los precios rondan los $11.000 por pizza familiar, que en verdad el tamaño es para dos personas que no coman tanto.
Se trata de pizzas de masa delgada e ingredientes dispuestos en mesurada cuantía, pero con preocupación en la calidad por sobre la cantidad. Esto último es un acierto cuando de pizzas se trata, así que partimos bien por ahí. La masa no resultó tan crujiente como se hubiese querido, y tampoco logra la elasticidad de la clásica pizza napolitana, entonces se queda a medio camino. Pero de todas formas es una propuesta bien interesante y que claramente repetiría, más aún si se acompaña con su buena cerveza Viejo Lobo, que es un tremendo clásico de Pichilemu.
Conclusiones
Pichilemu crece y así crece su oferta de servicios. Por nuestra parte sabemos que siempre que visitemos este lugar de la sexta región seremos tremendamente felices, porque nos encantan sus playas, su hotelería, su onda, su clima y por supuesto los lugares en donde ejecutar el noble acto del patacheo. Don Julio, por su parte, ya ha ido a Pichilemu varias veces dentro de sus cortos 10 meses de vida, así que no me voy a extrañar si pronto me pide una tabla de surf de regalo.


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