Pantrucas; un clásico que no puede desaparecer
Capaz que alguien se ofenda, pero voy a explicar lo que son las pantrucas, porque tengo la sensación de que se trata de un plato que, lentamente, avanza rumbo a la extinción,. Entonces es de esperar que más de algún lector millenial no sepa de qué se trata este manjar.
Las pantrucas consisten en un caldo que hasta cierto punto es similar a la carbonada. La gracia es que se suele acompañar de alguna presa de hueso con carne, idealmente una que contenga el cartílago del animal; o sea alguna una articulación. ¿Por qué? porque la gracia es que este caldo debe agarrar cierta consistencia que sólo el colágeno de origen animal puede alcanzar. No contentos con eso, se le añade un huevo "caído", que aporta lo suyo. Y para rematar, y he aquí lo central de esta preparación, se incorporan trozos de masa previamente uslereados y cortados en pedazos medianos. La idea es que esta masa se cueza en el caldo, aportando aún más para que este sea consistente y sabroso. Como buen caldo, lleva papas y verduras varias, pero lo central es lo que les describí más arriba.
Si se dan cuenta, se trata de una preparación con ingredientes humildes y sencillos, razón por la cual ha sido históricamente subestimada. En mi infancia recuerdo que era un plato que se preparaba cuando las vacas estaban medias flacas. Ahora debo confesarles que está en mi top five de comidas preferidas. Y es que se trata de un caldo con consistencia, sabor y la suavidad de una masa que termina por redondear este noble plato.
Lamentablemente cada día se vuelve más complejo encontrar lugares en donde uno puede comer unas pantrucas. En Rancagua las sirven en el Reencuentro, el Club de Rayuela e incluso en lugares de corte gentrificado como el Comedor Popular. Por otro lado, hemos de esperar que una vez controlada la pandemia se puedan volver a degustar estos platos en estos lugares.
Si usted conoce a alguien que prepara sus buenas pantrucas, le sugiero que le pida a esa persona que le enseñe la manera correcta para cocinarlas. No se trata de ser conservador y negar los procesos de cambio gastronómico, pero creo que platos de este tipo no pueden desaparecer, principalmente porque están muy buenos.
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