Aroma Limeño: una carta peruana completa, pero ejecutada con brocha gruesa
Como bien lo veía venir Sebastían Dávalos, la comuna de Machalí ha tenido un crecimiento exponencial en los últimos años. También hay que decir que este crecimiento demográfico ha sido más bien de los segmentos sociales medios altos. Un crecimiento de ese tipo no viene acompañado solo de gentrificación y tacos, sino que también de aparición de restoranes finolis y lugares en donde poner en ejecución el sagrado acto del mastique.
Si bien el restorán Aroma Limeño no es del todo nuevo, sí es cierto que ha experimentado un crecimiento en el número de comensales que lo visitan día a día, lo cual queda en evidencia al ver su enorme terraza y su aún más enorme salón principal que, con una estructura que recuerda más a un gimnasio municipal que a un restorán acogedor, recibe a los amantes de la comida peruana.
Al ser un restorán que evidentemente tiene alto flujo de clientela, cuenta con un numeroso personal que desde la entrada te recibe con sonrisas y buena onda. Ya les adelantaba que el lugar no es del todo acogedor, no sólo por su estructura, sino que también por el ruido que se genera al tener tantas mesas en un solo espacio. Pero para ser justos hay que mencionar que tanto las instalaciones como la decoración mantienen el estilo clásico de los restoranes peruanos que, gracias a Dios, han nutrido la oferta gastronómica nacional desde hace unos años.
Posee una carta de platos clásicos peruanos, sin contar con ninguna novedad especial. Sí es novedosa la enorme carta de piscos sour, los cuales los hay de distintos tipos, ingredientes y tamaños. Por mi parte pedí un pisco sour mediano, y ojo con esto, porque el mediano de Aroma Limeño es el que en otros lugares se conoce como catedral, ¿El grande? medio litro de este sagrado brebaje incaico. El que pedí estaba bastante bien, manteniendo un correcto equilibrio entre limón y azúcar, que suele ser un punto crítico. El tamaño más que adecuado, creo que hay que ser valiente para tomarse uno grande.
Sirven unos pancito calientes que siempre se agradecen, con las típicas salsas peruanas en donde, casi por ley, siempre una es con ajo y la otra con rocoto. Extrañé el maíz cancha que suelen poner en otros lugares.
Andaba con la compañera, entonces pedimos una entrada que siempre nos suele regocijar: machas a la parmesana. Debo mencionar que eran unas enormes machas en su concha, muy blandas y tiernecitas. Nos parecieron unas machas excelentes, cuyo sabor se perdía en un queso demasiado fuerte y con un gratín que quedó a medio camino.
De fondo me pedí un garrón de cordero y la compañera un lomo saltado. Ambos platos estaban bien, pero se nota en exceso que ambos estaban ejecutados con "brocha gruesa", ya que el lomo saltado fue una decepción en cuanto al sazón peruano que uno suele buscar en estos restoranes. El garrón de cordero pasó sin pena ni gloria.
De postre el clásico de clásicos: suspiro limeño. El que sirven en Aroma Limeño tiene variaciones propias del restorán, siendo servido en vaso de martini y con merengue morado, cuyo ingrediente extra no pude diferenciar. Me pareció un postre correcto y con una presentación novedosa.
Creo que Aroma Limeño es un restorán típico peruano, que ha crecido mucho en número de clientes, con preparaciones que son correctas. Lamentablemente ninguno de los platos que pedimos logró resaltar en nuestros registros patacheros. Sin conocer la cocina de este restorán en el pasado, podría pensar que algo se ha ido desinflando, porque precisamente se trata de platos con buenas materias primas, como bien quedó claro en las machas que nos comimos, pero con poco cuidado en la ejecución fina. Afortunadamente Rancagua ofrece varias ofertas peruanas para que el gordus honoris causa pueda escoger y regocijar el corazón.
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