El asado chileno: sobrestimado y machista...
Por ahí alguien me contaba que en Coinco, gloriosa y minúscula comuna rural de la VI Región, durante las fiestas patrias era muy común que en las casas y en las fondas se cocinasen suculentos pescados fritos. ¿Y los asados de vacuno? Un lujo que no se podían dar... Por ahí por los noventas, la "bonanza" económica hizo que el "jaguar de Latinoamérica" pudiese comenzar a comer carne por montones. ¡Paff! Nos llenamos de asados.
¿Cuál es el problema de comer asados, si la carne es tan re buena? El acceso a la carne no vino necesariamente apareado de una cultura culinaria que la pudiese sustentar como un plato de calidad criolla. A la mierda se fueron los históricos platos que tantas décadas tomaron en ser refinados, me refiero a delicias como las pantrucas, los granados, las cazuelas, chicharrones, prietas, catutos y un gran etecé etecé. Así, y marcado por estos cambios socioeconómicos, el climax de la gastronomía nacional comenzó a ser la carne de vacuno a la parrilla, transformándose en el único plato posible para celebraciones, vituperios, reuniones y otro enorme etecé, porque razones para prender la parrilla nunca faltan. Por otro lado, y a diferencia de las otras comidas mencionadas, el asado a la chilena carece de técnica y de profundidad, además de estar marcado por el machismo y, me atrevo a decir, la peor cara de la misoginia nacional.
La cocina chilena ha estado marcada y guiada por la mano de nuestras madres y abuelas; mujeres que en virtud de la tradición y la obligación que se les imponía, debían preparar una y otra vez los distintos platos que repletan el menú criollo. Así las cosas, y luego de haber preparado mil veces la misma cazuela, es que lograron refinar su técnica y llegar a niveles que hoy nos regocijan el corazón. En esta ecuación el asado resulta ser algo así como un intruso que llegó sin mucho respeto por aquellas mujeres.
El hombre, que en su puta vida se metió a la cocina, en un momento no tan lejano de la historia nacional se puso a cocinar por primera vez. Pero no sólo eso, porque que se ponga a cocinar es siempre buena idea, si no que tuvo la desfachatez de instalar el asado, aquel único plato capaz de ejecutar, como un evento religioso dirigido por él mismo.
Y acá lo peor de todo; aquel asado que supone un evento especial y una comida de altura, resultó ser una mierda muchas veces incomible. Y es que el hombre chileno, que a causa de la pobreza nunca supo relacionarse con las carnes, creyó además que de un día para otro iba a tener la atribución de pasar por encima de la cocina femenina que llevaba décadas de existencia.
Hombres rodeando una parrilla humeante y con carbón mal prendido, sobre el cual se amontonan trozos de carne que hace como 20 minutos deberían haber sido retirados de la parrilla, mientras beben cerveza tibia y se soban el lomo argumentando lo hábiles que son "cocinando". Por el otro extremo, las mujeres preparando ensaladas, acompañamientos y poniendo la mesa. La escena descrita ya es una mierda, pero empeora si consideramos que aún faltan años para que el asado chileno nos deje de quedar como el culo. El machismo y la misoginia de querer aplastar la cocina de nuestras madres es lo que me termina por convencer de que el asado chileno vale callampa.
Jaja me dio pena y a la vez risa... Y preocupación por mí débil entrenamiento para perpetuar en el tiempo las cazuelas de mí abuela.
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